Educar por contenidos y objetivos es una modalidad que pronto quedará obsoleta. Recuerdo que, cuando ejercía como docente de secundaria en Historia y Geografía, había un inmenso cuadro de contenidos que marcaban el recorrido que realizarían mis alumnos/as bajo la suposición de que los objetivos nos llevarían a logros de aprendizaje. El procedimiento era lineal; veíamos contenidos y cada cierto tiempo había una evaluación (por lo general, un examen escrito, aunque siempre se valoraba positivamente la creatividad del/a docente). El ciclo volvía empezar: nueva unidad, nuevos contenidos y siguiente evaluación; queramos o no, esto llegará a su fin, las metodologías de enseñanza evolucionan y, con ello, los docentes también.

En España, durante el curso 2022-2023 se pondrá en marcha la LOMLOE, Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre que nos trae novedades respecto al currículum, a nuestras clases, a la manera de estar en el aula y de trabajar con nuestros/as alumnos/as. Ello nos llevará a evaluar “por competencias”. ¿Qué significa esto? Significa que harán descriptores operativos en cada asignatura de todos los niveles, es decir, contaremos con competencias en los niveles de infantil, primaria y secundaria, donde encontraremos competencias específicas de cada área. Concretamente, los contenidos que se proponen para cada asignatura tendrán que estar relacionados con alguna (o varias) competencia(s). En esta ley se consideran 8:

  1. Competencia en comunicación lingüística: Se basa en comprender, dar soporte y potenciar las interacciones comunicaciones de las personas.
  2. Competencia plurilingüe: Se basa en potenciar las diversas lenguas para comunicarse, valorando la lengua materna.
  3. Competencia matemática, en Ciencia y Tecnología: Se basa en la importancia de las matemáticas, las ciencias y las tecnologías frente a los problemas del mundo moderno.
  4. Competencia digital: Se basa en el uso de las tecnologías en el mundo actual.
  5. Competencia personal, social y de aprender a aprender: Se basa en la reflexión, la organización y el aprendizaje autónomo.
  6. Competencia ciudadana: Se basa en potenciar las habilidades sociales y cívicas y el bienestar personal y común.
  7. Competencia emprendedora: Se basa en el sentido de la iniciativa y espíritu emprendedor.
  8. Competencia en conciencia y expresión cultural: Se basa en la importancia y la riqueza de las diferentes culturas: conocerlas, apreciarlas y acercarnos a ellas con una actitud abierta y respetuosa.

Durante prácticamente todo el año 2021 estuve formando a docentes de centros educativos de toda España y de diferentes niveles. En esos momentos de formación, me encontré con posicionamientos de acuerdos y desacuerdos, principalmente, expresaban las inquietudes que creían que ocurrirían al aplicar un cambio tan drástico. De alguna manera, los/as docentes queremos sentirnos seguros, por eso tendemos a repetir lo que hacemos; porque nos resulta efectivo. El cambio es novedoso, pero a la vez genera tensiones. ¿Qué cambia? ¿Podemos seguir haciendo lo mismo y solo cambiamos la nomenclatura? Eran algunas de las preguntas. Mi respuesta intentaba invitar a que este cambio que venía desde arriba nos permita pensar en el propio quehacer docente. ¿Qué oportunidades nos trae el cambio curricular por competencias?

Propongo un ejemplo, se está planificando el tema “Paisaje natural: recursos hídricos” de la asignatura de Ciencias de la Naturaleza y en las actividades de aprendizaje se potenciarán las 8 competencias a partir de una acción que se expresa aquí entre paréntesis:

1) Lingüística (creando un discurso entre dos persona donde se trate el cuidado de los espacios naturales) 2) Plurilingüe (traduciendo ese discurso en alguna otra lengua) 3) Matemática, Ciencia y Tecnología (recogiendo datos en terreno, medida, cálculo y representación en gráficos) 4) Digital (pasando esa recogida de datos a formato digital a través de algún programa) 5) Personal, social y de aprender a aprender (recorrido por un paisaje donde identifiquen elementos, dibujen y relacionen los dibujos con imágenes de tipos de paisajes) 6) Ciudadana (dar a conocer las medidas planificadas a la comunidad de manera presencial o a través de redes sociales o haciendo contacto con entidades públicas) 7) Emprendedora (crear un plan de turismo sostenible) 8) Conciencia y expresión cultural (búsqueda en diferentes fuentes documentales el uso que se le ha dado al paisaje en otras épocas y culturas).

En esta propuesta se puede ver que, si bien las “Ciencias de la Naturaleza” es la protagonista, hay una relación con otras asignaturas y, también entre competencias. Cabe puntualizar que, no es necesario que en cada actividad estén todas las competencias, puede haber una selección, lo importante es que a lo largo del curso estén presente todas ellas. Con el hecho de incorporar las competencias en nuestro quehacer docente, estaríamos abriendo la posibilidad de trabajar conectando saberes y, también se hace más evidente la posibilidad de trabajar por proyectos, con la presencia de algún producto final que sirve de gran evento cúlmine.

Siguiendo con el ejemplo planteado más arriba, si esta planificación se hace desde la lógica de un proyecto, el producto final podría ser la organización de un congreso científico sobre paisajes naturales entre los/as estudiantes, la comunidad e invitados/as.

La planificación por competencias nos invita a pensar el aprendizaje de manera activa. La pregunta pedagógica sería: “¿qué harán mis alumnos/as?” No tan solo “¿qué aprenderán?”, agregamos el cómo lo aprenderán, qué y cómo se interrelacionan contenidos, saberes y habilidades. Lo lógico es ver el paisaje dentro de su diversidad y, desde la mirada de diferentes áreas, no sea estudiado desde una única mirada, la riqueza está en cómo ese tema nos da posibilidades de aprendizaje con la interrelación entre asignaturas y con el principio de aprender de manera activa.

Siguiendo esta lógica, la propuesta quedaría así:

Ejemplo de long term branch

Y la pregunta final: ¿Dónde están los contenidos? ¿En qué momento se dicta la teoría? La teoría está presente, lo que cambia es la forma y el sentido de aprendizaje en activo. Podríamos ver el tema “Paisajes naturales” con mis alumnos/as de otra manera; el/la docente dictando el contenido como una grabadora a la que se le pone “play”, pero ¿qué sentido tiene? ¿Aprenden más? Ir al centro educativo es una experiencia de aprendizaje o, por lo menos eso es lo que se dice. ¿Qué experiencia de aprendizaje puede ser enriquecedora si no se permite hacer, por el contrario, se va a escuchar un contenido? Si ese fuera el camino, podríamos hacer un podcast de nuestra materia.