La comunicación humana

Hace unos días leí la publicación de la psicóloga Pilar Sordo titulada “Es cada vez más difícil generar conversaciones reales”. Ella hacía referencia a la crisis que atraviesa la comunicación humana y el impacto del diálogo interno (cada vez más reducido) y su efecto en la salud mental. Aunque la comunicación es un aspecto que se analiza desde diferentes áreas, quisiera guiar este escrito hacia la educación. Con el vocabulario expresamos lo que nos sucede en el interior (pensamientos), todo ello materializado en gestos tan cotidianos como la escritura la cual, en el último tiempo, se ha combinado con el uso de emoticones para el intercambio del lenguaje —para expresar lo que sentimos enviamos una carita 😀— y, en el caso de la escucha, con expresiones pre-hechas que están en nuestro día a día o en las redes sociales, siendo palabras o frases que se repiten una y otra vez para interactuar usando una jerga actual. Como si expresarnos mal estuviera de moda.

Lo preocupante es que esos modos de comunicación afectan la profundidad de los vínculos, de las relaciones humanas y de la comunicación. Desde la educación intentamos promover el pensamiento crítico, la complejidad del raciocinio, pero luego nos encontramos con la búsqueda de la simplicidad. Es verdad que el ser humano por la adaptación en su medio opta por la simplificación de las tareas. De cierta manera, es parte de la evolución, pero de ahí a establecer una pasividad mental es otra cosa. Lo que me preocupa es el hecho de optar por la pereza mental, porque hay personas que tienen la capacidad para realizar un análisis profundo de una situación, de una noticia, de un contexto. No obstante, prefieren no complicarse la vida y seguir en un estado (falso) de paz mental. Es verdad que hay batallas a las que no queremos prestarle atención (no podemos estar en todas las problemáticas que aquejan en el mundo), pero de ahí a “pasar de todo” es otra cosa.

Así como el ser humano busca las alternativas para adaptarse al medio, desde la educación potenciamos la capacidad para pensar, para comunicarnos, para analizar. La pregunta es: ¿en qué sentido nos interpela una acción para responder haciendo uso de una comunicación efectiva que evidencia el pensamiento que nos conforma como personas? Considerando que la educación se desarrolla al largo de la vida y que esas cualidades que aprendemos desde el primer año de escolarización deberían seguir su camino de reaprender, propongo un ejemplo de la involución comunicativa: una maestra de primaria se da cuenta que tiene deficiencias en la comunicación con las familias y con sus estudiantes y para “mejorar” recurre a la IA para responder los correos de manera más cordial. ¿Qué habilidades mejora? Quizás el resultado es que esas familias reciben una respuesta escrita más acorde a su rol, pero luego, en persona, no se evidencia la cordialidad expuesta en el escrito del correo. ¿Es un engaño de su personalidad? ¿Una diferencia abismal entre lo que escribe (con IA) y cómo es presencialmente? También puede ocurrir el caso al revés, personas que sienten que se comunican mejor de manera presencial y que evitan la escritura. ¡Recuerdo tantas interacciones con respuestas monosílabas —o con silencios amables, pero vacíos—! En cualquier caso, lo que veo es la falta de disponibilidad por no abrirse al diálogo en la sociedad actual, donde no somos del todo conscientes de la comunicación y del cuidado de las relaciones que parten con la palabra, con el gesto, con la atención, con la escucha y con el modo de estar y de responder al otro.

La pregunta es: ¿Qué mejoramos de nuestra propia comunicación a lo largo de la vida? No se trata solo de aprender a hablar y de aprender escribir (dos de los actos que más nos cambian a nivel cognitivo como humanos), se trata de seguir trabajando la comunicación para vincularnos con mayor profundidad, para tener conversaciones de calidad, para responder a aquella pregunta que intenta tocar nuestras emociones, para abrirse a nuevas reflexiones, a crear vínculos significativos con otros/as, aunque eso no esté de moda.

Nota: Escrito sin IA, no quiero depender de ella.

Autora: Valeska Cabrera Cuadros